El síndrome del impostor en mujeres es la vivencia de sentir que los logros propios no son merecidos y que, tarde o temprano, alguien lo notará. No es un diagnóstico clínico, sino una forma de describir una experiencia interna muy frecuente: mientras por fuera se ve competencia, por dentro aparece la duda. Quizás te ha pasado que un ascenso, un reconocimiento o un elogio no se sienten como tuyos. Comprender de dónde viene esa sensación es un primer paso para relacionarte con ella de otra manera.
Mirar este tema no significa que algo esté “mal” contigo. Significa darle un lugar a una experiencia que muchas mujeres viven en silencio, y entender cómo se conecta con la historia personal, la autoestima y las expectativas que se cargan.
¿Qué es el síndrome del impostor en mujeres?
El síndrome del impostor en mujeres es una experiencia que la psicología ha descrito con cuidado durante casi cinco décadas, y que se reconoce más por lo que se siente que por lo que se ve. En esta sección encontrarás de dónde surge el término, por qué no se considera un diagnóstico, cómo suele aparecer en el día a día y qué formas distintas puede tomar.

El síndrome del impostor, también llamado fenómeno del impostor, es un patrón de pensamiento en el que una persona atribuye sus logros a la suerte, al esfuerzo excesivo o a un error de los demás, y no a su propia capacidad. La psicología lo describe como una experiencia, no como un trastorno.
El término fue propuesto en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, quienes observaron este patrón en mujeres con alto rendimiento académico y profesional. Con el tiempo, la investigación mostró que también puede aparecer en hombres, aunque en las mujeres suele cruzarse con mensajes sociales muy particulares sobre cuánto deben demostrar para “merecer” su lugar. Según el Diccionario de Psicología de la APA, el fenómeno del impostor alude a esa sensación de fraude intelectual a pesar de la evidencia de competencia.
¿Es un diagnóstico clínico?
No. Ni el DSM-5-TR ni la CIE-11 incluyen el síndrome del impostor como diagnóstico. Eso no le resta importancia: puede acompañarse de ansiedad, agotamiento o baja autoestima, y por eso vale la pena escucharlo con atención y sin minimizarlo.
¿Cómo se siente en la vida diaria?
Se suele sentir como una duda constante sobre el propio valor, incluso después de lograr algo importante. Puede aparecer como miedo a ser “descubierta”, como minimizar los éxitos (“no fue para tanto”) o como la idea de que hay que esforzarse el doble para no quedar en evidencia.
Algunas manifestaciones frecuentes son:
- Sentir que un logro fue cuestión de suerte o de estar en el momento adecuado.
- Preparar de más, revisar una y otra vez, y aun así no quedar tranquila.
- Dificultad para recibir elogios o incomodidad cuando se reconoce tu trabajo.
- Evitar pedir ayuda por miedo a mostrar que “no sabes”.
- Compararte con otras mujeres y concluir que las demás sí son suficientes.
- No postular a un puesto, a un proyecto o a una idea por sentir que no estás lista.

Cada persona lo vive a su manera. Lo que se repite es la distancia entre lo que otros ven en ti y lo que tú te permites ver.
¿Existen distintas formas de vivir el síndrome del impostor?
Sí. La autora Valerie Young, en su libro The Secret Thoughts of Successful Women (2011), propuso describir cinco estilos frecuentes: la perfeccionista, la superwoman, la genio natural, la solista y la experta. No son categorías clínicas, sino formas de ordenar la experiencia que pueden ayudarte a reconocerte.
- La perfeccionista siente que si algo no salió impecable, no cuenta.
- La superwoman intenta responder a todos los roles a la vez para demostrar que merece su lugar.
- La genio natural duda de sí misma cuando algo no le sale fácil y a la primera.
- La solista evita pedir ayuda porque hacerlo le parece una confesión de incapacidad.
- La experta siente que nunca sabe lo suficiente y pospone actuar hasta “estar más preparada”.
Es probable que te identifiques con más de una. Lo importante no es encajar en un tipo, sino notar qué exigencia se repite en tu manera de trabajar y de valorarte.
¿Por qué aparece el síndrome del impostor?
El síndrome del impostor en mujeres no surge de la nada ni de una falta de capacidad. Suele construirse a partir de la historia personal, del entorno y de los mensajes que se recibieron sobre el valor propio. A continuación se recorren cuatro miradas que ayudan a comprenderlo: la social, la psicoanalítica, la de las experiencias tempranas y la del entorno laboral y digital.
¿Por qué es tan frecuente en mujeres?
El síndrome del impostor es frecuente en mujeres porque se cruzan factores personales, familiares y sociales: expectativas de perfección, menos modelos visibles de liderazgo femenino y una historia de mensajes sobre cuánto hay que demostrar. No es una falla individual, sino un patrón que se aprende.
Una revisión sistemática publicada en 2020 por Bravata y colaboradores en el Journal of General Internal Medicine encontró que las cifras de prevalencia varían mucho según la población y la forma de medirlo, y que el fenómeno aparece con frecuencia en contextos de alta exigencia. Por eso conviene hablar de una tendencia y no de un porcentaje único.
En contextos como el costarricense, es común que muchas mujeres sostengan a la vez el trabajo, el hogar y los cuidados, con la expectativa implícita de hacerlo todo bien y sin quejarse. Cuando el estándar interno es tan alto, cualquier logro parece “lo mínimo” y cualquier error parece una prueba de fraude.
¿Qué dice el psicoanálisis sobre sentirse una impostora?
Desde el psicoanálisis, sentirse impostora puede leerse como el efecto de una distancia entre la imagen que uno cree que debe sostener y lo que siente ser. Conceptos como el ideal del yo, el superyó exigente y el “falso self” de Winnicott ayudan a comprender esa tensión.

- Ideal del yo y superyó. Cuando el ideal que aprendimos es muy elevado, el superyó funciona como un juez severo: nunca es suficiente. El logro no calma, solo sube la vara.
- Falso self. Winnicott describió cómo algunas personas construyen desde pequeñas una versión adaptada, complaciente y eficaz de sí mismas. Cuando esa versión recibe reconocimiento, la persona puede sentir que “lo que se aplaude no soy yo”.
- Culpa ante el éxito. En 1916, Freud describió a quienes se angustian precisamente cuando alcanzan lo que deseaban. En algunas mujeres, destacar puede sentirse como ocupar un lugar que “no correspondía” o como superar a otros de quienes se depende afectivamente.
No se trata de aplicar estas ideas como una fórmula. En terapia, el sentido de la duda es siempre singular: qué historia la sostiene, a quién se dirige y qué protege.
¿Tiene que ver con las heridas de la infancia?
En muchos casos, sí puede haber una relación. Las experiencias tempranas de crítica, comparación o reconocimiento condicionado (“te quiero si eres buena, si sacas buenas notas”) pueden dejar la idea de que el valor personal depende del rendimiento. Esa creencia no siempre es consciente, pero puede seguir influyendo en la adultez.
Esto no significa que el pasado determine todo, ni que haya culpables. Es una forma de explorar cómo se construyó tu manera de valorarte. Si quieres profundizar en la relación con tu imagen personal, puedes leer más sobre los problemas de autoestima.
¿Cómo influyen el trabajo y las redes sociales?
El entorno laboral y digital puede intensificar la sensación de impostura, sobre todo cuando se compara la propia vida con las versiones más pulidas de la de otras personas. Los ambientes muy competitivos, con poca retroalimentación clara o con pocas mujeres en espacios de decisión, suelen sostener la duda.
Las redes sociales muestran resultados, no procesos. Es fácil olvidar que detrás de cada logro publicado hubo dudas, errores y ayuda de otras personas. Cuando esa comparación se vuelve constante, puede reforzar la idea de que las demás “sí saben” y que tú solo estás sosteniendo una apariencia.

Del mismo modo, en algunos espacios laborales se premia mostrar seguridad absoluta y se castiga admitir que no se sabe algo. En ese clima, muchas mujeres aprenden a esconder sus preguntas, y esa ocultación termina alimentando justamente el miedo a ser descubiertas.
¿Cómo comprenderlo y acompañarte en el proceso?
Ponerle nombre al síndrome del impostor en mujeres ya es un avance, pero también ayuda distinguirlo de otras experiencias parecidas y saber qué puedes hacer con él. Aquí se abordan las diferencias con conceptos cercanos, algunas ideas para empezar y el momento en que puede tener sentido buscar acompañamiento.
¿En qué se diferencia de la baja autoestima, el perfeccionismo o la ansiedad?
El síndrome del impostor se diferencia de la baja autoestima en que la duda se centra en los logros y en el miedo a ser descubierta, más que en un malestar general con uno mismo. Puede convivir con perfeccionismo y ansiedad, pero no son lo mismo.
- Baja autoestima: una valoración negativa global de la propia persona.
- Perfeccionismo: estándares muy altos y autocrítica ante el error; a menudo alimenta el sentimiento de impostura.
- Ansiedad: preocupación persistente y síntomas físicos que pueden aparecer por muchas causas; requiere valoración profesional si interfiere con tu vida.
Distinguirlos ayuda a ponerle nombre a lo que ocurre, y a decidir qué tipo de acompañamiento tiene más sentido.
¿Cómo empezar a relacionarte de otra manera con esta sensación?
Puede ayudar empezar por observar la duda sin discutir con ella: notar cuándo aparece, qué la dispara y qué dice exactamente. Registrar los logros con hechos concretos, hablar de esto con alguien de confianza y revisar el nivel de exigencia propio son pasos que, en muchos casos, ayudan a bajar su intensidad.
Algunas ideas para explorar con calma:
- Observa el patrón. ¿En qué situaciones sientes que “te van a descubrir”? ¿Con qué personas?
- Separa hechos de interpretaciones. Un ascenso es un hecho; “fue suerte” es una interpretación.
- Escucha cómo recibes el reconocimiento. Notar si lo desvías o lo minimizas ya es información valiosa.
- Revisa de dónde viene tu estándar. Muchas veces es una vara heredada, no elegida.
- Habla de ello. Descubrir que otras mujeres sienten algo parecido suele aliviar la vergüenza.

Estas ideas son orientativas y no reemplazan un proceso personalizado.
¿Cuándo puede ser útil buscar acompañamiento psicológico?
Puede ser útil consultar cuando la duda sobre ti misma limita tus decisiones, te genera agotamiento sostenido, te lleva a evitar oportunidades o afecta tu estado de ánimo y tus vínculos. No hace falta llegar a un punto extremo para pedir un espacio donde pensar tu historia.
En terapia, especialmente desde una mirada psicoanalítica, el foco no está en “corregir” un pensamiento, sino en escuchar qué significa esa vivencia para ti, cómo se construyó y qué lugar ocupa hoy. Ese proceso avanza al ritmo de cada persona.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye una valoración clínica profesional. El síndrome del impostor no es un diagnóstico y este texto no ofrece diagnóstico ni indicaciones de tratamiento. Si lo que describes te preocupa, consulta con un profesional de salud mental.
Preguntas frecuentes
Cuando el síndrome del impostor en mujeres empieza a tener nombre, es normal que aparezcan nuevas preguntas: si es algo pasajero, si le ocurre a otras personas, si se puede trabajar y cuánto tiempo puede tomar. Reunimos aquí las dudas que más se repiten entre las mujeres que se acercan a este tema, con respuestas breves y en lenguaje cercano. Son una orientación general y no pretenden reemplazar una conversación personalizada con un profesional. Si al leerlas notas que tu situación tiene matices propios, ese es un buen motivo para explorarla con calma en un espacio de escucha, sin prisa y al ritmo que necesites.
¿El síndrome del impostor es un trastorno mental?
¿El síndrome del impostor es un trastorno mental? No. No aparece como diagnóstico en el DSM-5-TR ni en la CIE-11. Es una forma de describir una experiencia frecuente que puede acompañarse de ansiedad o baja autoestima, y que se puede comprender y trabajar en terapia.
¿Solo les pasa a las mujeres?
No. El concepto surgió observando a mujeres de alto rendimiento, pero investigaciones posteriores lo describen también en hombres. En las mujeres suele cruzarse con expectativas sociales específicas sobre lo que deben demostrar.
¿Se puede sentir síndrome del impostor teniendo logros reales?
Sí, y es justamente lo característico. La duda no desaparece con la evidencia externa, porque no depende de los hechos sino de cómo se interpretan y del valor que uno se concede.

¿Qué tipo de terapia puede ayudar?
Diferentes enfoques pueden ayudar. La terapia psicoanalítica explora el origen y el sentido de esta vivencia en la historia personal; la evidencia sugiere que otros abordajes también aportan. Lo más útil suele ser el que se ajuste a cada persona.
¿Cuánto tiempo toma comprender este patrón?
Depende de cada historia y de cada proceso. No hay un tiempo fijo; en terapia se avanza de forma gradual, a un ritmo que respete a cada persona.
Vivir el síndrome del impostor en mujeres no habla de falta de capacidad, sino de una distancia entre lo que logras y lo que te permites reconocer. Esa distancia tiene una historia: mensajes que se recibieron temprano, una autoexigencia aprendida, un superyó que rara vez se da por satisfecho. Comprenderla no significa quedarte en el pasado ni buscar culpables, sino darle sentido a lo que hoy se repite. Con el tiempo, y con espacios donde pensarte con calma, es posible construir una relación más amable con tus logros y más cercana a quien realmente eres.
En Poïesis, nuestro equipo de psicólogos y psicoanalistas ofrece un espacio de escucha para explorar lo que sientes, a tu ritmo y sin juicios. Si el síndrome del impostor en mujeres ha estado presente en tu forma de trabajar, vincularte o valorarte, puedes escribirnos cuando lo sientas oportuno. Te acompañaremos desde una mirada clínica, ética y humana, respetando tu historia y tu ritmo.
Referencias
Las siguientes fuentes respaldan los conceptos y datos mencionados en el artículo; cada una incluye su enlace para que puedas consultarla.
- Clance, P. R., & Imes, S. A. (1978). The impostor phenomenon in high achieving women: Dynamics and therapeutic intervention. Psychotherapy: Theory, Research & Practice, 15(3), 241-247. Ver referencia en APA PsycNet
- Bravata, D. M., Watts, S. A., Keefer, A. L., et al. (2020). Prevalence, predictors, and treatment of impostor syndrome: A systematic review. Journal of General Internal Medicine, 35(4), 1252-1275. Ver artículo en Springer Nature
- Young, V. (2011). The Secret Thoughts of Successful Women: Why Capable People Suffer from the Impostor Syndrome and How to Thrive in Spite of It. Crown Business. Ver libro en Penguin Random House
- Freud, S. (1916). Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico: “Los que fracasan cuando triunfan”. Ver descripción de la obra
- Winnicott, D. W. (1960). Ego distortion in terms of true and false self. En The Maturational Processes and the Facilitating Environment (1965), pp. 140-152. Ver documento en PEP Web
Fecha de actualización y revisión: (19 de septiembre de 2026 Laura Arango – Psicóloga)